Todos los caminos nos llevan a la comunicación

por | Jun 25, 2024 | Notas

Por Manuela da Silveira.

La comunicación es un proceso tan abarcativo que nos abre muchas puertas y preguntas.

¿Qué pensamos cuando hablamos de comunicación?
¿Qué implica comunicar?
¿Qué comunicaciones nos resultan inspiradoras?
¿Qué comunicaciones o interacciones nos desafían hoy?
¿Cómo se mira la comunicación de un sistema?

En la actualidad, las empresas y organizaciones son cada vez más conscientes del cuidado del impacto y del rol que ocupan a la hora de pensar en soluciones a los desafíos que enfrentamos. En este contexto de transformación, la comunicación es transversal a todo ese vivir organizacional y no puede quedar delimitada a un área o sección.

Una de las definiciones de comunicar es:

“Hacer a una persona partícipe de lo que uno tiene haciéndole saber algo”.

La experiencia nos ha demostrado que no alcanza con la intención de hacer llegar un mensaje o con el simple hecho de emitir para que la persona receptora lo acepte e interprete de forma literal. Es un hecho que “mail enviado no significa recibido ni comprendido ni da por cerrada la conversación”. Todo intercambio comunicacional está inmerso en un contexto y en una cultura. Hay calendarios, tiempos remotos, virtualidad, presencia, tecnología, distracciones, interpretaciones, mapas mentales, sesgos y olvidos.

A esto le sumamos un desafío tan apasionante como ineludible: los mensajes no se pueden controlar. Hoy no hay un sólo medio y no hay un único mensaje. Por ende, lo que decimos y publicamos tiene formas de contrastarse, digerir o procesar. Hay distintos medios y canales para hacernos llegar feedbacks, reviews y comentarios. Si estamos comunicando algo contradictorio a lo que refleja nuestra cultura, nos lo harán saber. Entonces, comunicar es complejo y simple a la vez: la única forma de estar a salvo de un riesgo reputacional es a través de la coherencia. Para que una persona y organización viva en coherencia hace falta conocerse y para conocerse hay que ejercitar la comunicación. Volvemos al inicio; la comunicación está en todas partes.

Comunicar es exponerse, por eso cuando las empresas comunican el impacto de su gestión no sólo se genera un movimiento y una apertura al feedback sino que también un compromiso con la transparencia y la mejora contínua. Comunicar interpela.

Comunicar es una práctica, y como toda práctica nos abre a que las cosas no salgan como planeamos y eso genera inhibición o frustración. La invitación es a ver al error como una variable de crecimiento, lo que implica mostrarnos desde la imperfección y el aprendizaje.

Una de las reglas básicas del universo es que nada es perfecto.
La perfección simplemente no existe.
Sin la imperfección, tampoco tú existirías.
(Stephen Hawking)

Cuando miramos estos aspectos, sentimos que comunicar es un acto de fé. Es apostar al diálogo y al intercambio asumiendo las distintas posibilidades de no entendernos, la percepción que entra en juego y los distintos caminos que puede tomar cada palabra en su ida y vuelta (además de que cada palabra tiene un significado distinto para cada persona). Cuando nos vinculamos en grupo hay que acompasar los ritmos y a veces toca desacelerar. Del mismo modo, cuando no sabemos cómo formular los mensajes correctos en tiempos de reconfiguración de parámetros, está la opción de frenar y preguntar. O escuchar; que es una forma de incluir. Si un sistema está estresado no se puede comunicar. De ahí a que para que haya regeneración es fundamental la comunicación y condiciones propicias para ese intercambio.

Comunicar también es contener.

Es acompañar a la otra persona con palabras, gestos y silencio. Es poner límites, formular pedidos de forma clara y con asertividad. Entonces, comunicar es, en algún punto, hacernos cargo. Ante el desorden o la falta de claridad podemos sentir su aparente ausencia. Pero la comunicación siempre está.

La comunicación existe la gestionemos o no. Y es algo inherente a la humanidad. Todas las personas somos comunicadoras, no sólo quienes se dedican a ello.

Si respirás comunicás.

De ahí la importancia de conectar con la fuente del manantial de mensajes que estamos generando y también con un rol activo a la hora de recibirlos. Mirar a la comunicación nos beneficia, genera bienestar personal y colectivo. Porque comunicar es poner en común y desde ahí construimos comunidad.

 

Foto: Andrés Zunino (Pixabay)

Ir al contenido